UNOS PROPONEN Y OTROS EXPOLÍAN

José, el hijo menor de Jacob, contó a sus hermanos el siguiente sueño: Estábamos atando gavillas en el campo, y en esto que mi gavilla se levanta y se queda derecha, mientras que las vuestras se ponen alrededor y se inclinan ante la mía. Sus hermanos respondieron «¿Es que vas a ser tú rey y señor nuestro?» (En la mentalidad primitiva, los sueños prefiguraban el futuro). Esto, unido a las preferencias de Jacob por José, provoca la envidia de sus hermanos y piensan darle muerte. La intervención de Rubén y de Judá evitan que esto ocurra y es vendido a los ismaelitas por veinte monedas de plata.
En nuestros tiempos la envidia no ha evolucionado mucho, aunque hoy se basa más en cosas materiales por el afán de dominio y superioridad del hombre.
La envidia es uno de los siete pecados capitales, el sexto en orden. Consiste en una tristeza ante el bien del prójimo, considerado como mal propio en cuanto que se cree que disminuye la propia excelencia o felicidad y afecta a todas las clases sociales.
Quien padece esta enfermedad, sufre, y mucho. Y parece ser que en Talavera, la cuidad donde vivo y donde desarrollo mi profesión tenemos gente muy enferma, gente que no sabe nada de valores como la honradez y la honestidad.
Es difícil descubrir al envidioso pues a veces se esconde a través de una apariencia amable, acogedora y simpática, el envidioso se "alegra de los fracasos ajenos", "sufre con los éxitos ajenos", pero desaprovecha tanta energía que no es capaz de alcanzar sus propios objetivos.
Pena, mucha pena me produce la gente que ha sido capaz de sabotear un buen proyecto desarrollado con el esfuerzo de gente con talento y decepción, porque nunca piensas que pueda existir gente con tanta maldad.
Por lo tanto mucho desprecio para este tipo de gente que sufre con los éxitos ajenos y todos mis respetos hacía los que innovan, crean y proponen inciativas desde las buenas ideas y desde el fair play...y nunca mejor dicho.
